los que no tienen hermanos no pueden hacerse una idea de lo contradictoria y apabullante que es esa relación. ni medio hermanos que siempre han vivido aparte, ni amigos del alma, ni primos cercanos sirven para hacerse una idea: es otra cosa.
uno a los hermanos cuando es chiquito los quiere ahorcar casi todo el tiempo. los hermanos (especialmente si son mayores) son seres detestables que se interponen cuando la mamá lo va a consentir a uno, que lo sapean cuando hace algo malo y cuyo regalo siempre es más bonito que el de uno. los hermanos le dicen a uno que es adoptado, lo dejan encerrado en el balcón y lo humillan al comenzar la adolescencia porque ellos sí tienen amigos. cuando uno pelea con los hermanos ellos le dicen las cosas más hirientes que alguien le puede decir, porque lo conocen más a fondo que el resto de la gente. qué se le va a hacer, es su trabajo y para eso les pagan.

mi hermanita -mi única hermanita- hizo siempre su trabajo a conciencia. y durante más de veinte años nos tiramos por la cabeza juguetes, insultos y pequeñas crueldades, como hemos hecho todos con los hermanos. pero en el fondo de eso siempre había una certeza: que el otro siempre iba a estar ahí, que nunca estabas del todo solo. los hermanos lo cuidan a uno con una fiereza increíble aunque uno ni siquiera se sienta amenazado. los hermanos son indispensables para rajar de los papás, pues a nadie más le admite uno que hable mal de ellos. los hermanos son también el back-up de la infancia, porque estaban más o menos en el mismo lugar que uno y le confirman que las alegrías y los dolores existieron y no son sólo inventos. los hermanos comparten con uno un lenguaje que empieza muy temprano y que sobrevive a los devenires de crecer, y por eso pueden entenderlo aunque casi nunca estén de acuerdo con uno.
uno pasa media vida queriendo que los hermanos se vayan muy lejos, y el día que eso pasa conoce una soledad que no se parece a ninguna otra. pues si sólo tus hermanos van a sentir tu mismo dolor cuando se mueran tus papás, cuando se va tu único hermano nadie siente lo que tú. a los papás los preparan toda la vida para hacerse a la idea de que sus hijos alguna vez se irán -y aún así muchos no lo logran-. pero ¿quién lo prepara a uno para que su hermanita se vaya al otro lado del mundo y empiece una vida donde uno es sólo una voz en el teléfono?
la complicidad que hemos construido con mi hermanita es independiente de la distancia y el tiempo, y por eso he insistido en que se vaya a hacer su vida donde quiera. pero la tristeza de pensar que no estaré ahí cuando se enamore, cuando arme una casa, cuando -tal vez- decida tener un hijo, no se parece a la de ninguna separación que haya experimentado antes.

por eso este post es simplemente una forma de recordarme que las cosas en últimas son como en lilo y stitch: nuestra familia es chiquita y rota y no tenemos muchos juguetes, pero no importa, porque tu familia -es decir, tu hermana- nunca te abandona ni te olvida.