punto de cruz

en mi primer semestre en la universidad tenía una clase aburridísima martes y jueves a las siete de la mañana, en el más frío de los salones de la más vieja de las construcciones de piedra afilada de los andes. ahí, mientras un señor de apellido plata emitía un zumbido interminable sobre un tema que en otras circunstancias habría sido interesante (pensadores clásicos siglo xix) yo, sentada en el fondo del auditorio, sacaba mi aguja de crochet y tejía las mochilas de hilaza de algodón que usé juiciosamente los semestres siguientes.

cuando estaba en mitad de la carrera me hice amiga de un niño algo extraño, economista marihuanero de corazón dulce y gramática dudosa, que vivía solo en bogotá pero no había perdido los mimos de hijo único. con él veíamos películas y hablábamos incoherencias, excusas para lo importante: irnos a la plaza de mercado a comprar frutas para que yo le hiciera mermelada, o cocinarle arroz con leche y hacerle coladita cuando se enfermaba.

así sucesivamente, durante los años que pasé concentrada en estudiar (créanlo o no, yo era de las que se concentraban en eso) se suponía que lo importante era la teoría, por no hablar de la metodología, los argumentos y el enfoque. lo demás eran distracciones, el tipo de cosas que una señorita decimonónica hace mientras espera a que el hombre que ha de hacerla feliz aparezca frente a ella. entretenciones cursis como la repostería, el punto de cruz y los portarretratos pintados eran una desviación admisible, aunque vergonzosa.

hoy, después de una carrera, una maestría y unos pocos años de eso que llaman ‘ejercicio profesional’, por fin lo he comprendido: amo la antropología en cuanto hobby, la investigación social como divertimento inocente y la teoría como lectura de tarde lluviosa. pero la vida -como dirían las abuelitas- es coser y cantar. y si se trata de aportar al mundo, hagamos un concurso: la mitad de los voluntarios leen mi tesis de maestría y la otra mitad comen de mis postres. veremos quiénes quedan más contentos.

9 decires »

  1. lo dice
    13-12-05 @ 4:06 pm

    Estoy completamente seguro que el tema de la tesis de maestria debe ser sumamente interesante… pero sin conocerte y sin ninguna duda preferiría probar los postres…

    topamos

  2. lo dice
    14-12-05 @ 4:04 pm

    gracias por ambas cosas… en realidad tal vez sí me conoces, cuando yo tenía 16 y estudiaba sociología en el rosario había alguien con tu nombre en una de mis clases.

  3. lo dice
    19-12-05 @ 9:28 pm

    Listo pues, decime cómo hacemos pa’ lo de la probada del postre

  4. lo dice
    19-12-05 @ 10:02 pm

    la probada de los postres está pendiente para cuando aparezcan igual número de voluntarios para la lectura de la tesis.
    saludos…

  5. lo dice
    20-12-05 @ 2:47 am

    hasta capaz sería de leerme la tesis en aras del equilibrio, y de la preciada mermelada.

    Filantrópico que soy.

  6. lo dice
    17-01-06 @ 2:42 pm

    Touché!

  7. lo dice
    19-01-06 @ 7:00 pm

    Listo, me leo la tesis. Emito mi juicio, y cuando hayas hecho la comparación me invitas al postrecillo.

    I mean It

  8. lo dice
    22-01-06 @ 6:24 am

    Entonces seguramente soy yo, pero en el rosario nunca te vi hilando mochilas (eso me hubiese lanzado inmediatamente a preguntarte la manera en que lo hacias) … y aun estoy dispuesto tanto a probar los postres como las mochilas y tu tesis…

    topamos

  9. lo dice
    16-06-06 @ 2:16 pm

    a ver, por servientrega se reciben tesis para leer(veo que salió bien) y en entregadiario, tambien se reciben postres. . . tu dirás. .
    otra cosa, por el inerno me gustría sabe como se llma el libro que publicaste, aunque creo que al seguir leyendo la sabré