de nuestras gloriosas fuerzas armadas y sus encantadores métodos educativos
muchos de los niños que conozco prestaron servicio militar. recuerdo haber visto a uno de ellos despertar gritando por las pesadillas que le quedaron de recuerdo de ese año idílico. otros no hacen tanta bulla, pero todos comieron mierda.
pensaba en eso viendo las declaraciones del comandante del ejército a raíz del reportaje de semana sobre 21 soldados en tolemaida a quienes sus superiores y compañeros, como parte del proceso de formación, causaron quemaduras de segundo grado, agredieron sexualmente y obligaron, literalmente, a comer mierda. el general castellanos afirma que se trató de lo que en el ejército llaman ‘desviación de mandos medios’, es decir que -como a los oficiales que cooperan con el paramilitarismo- a esos señores nadie les dio permiso de hacer semejantes cosas. el problema es que, contrariamente a lo que afirma el general, el maltrato físico y verbal sí es una política del ejército. no sólo del colombiano, por supuesto. pero hablo de este porque es el que tengo más cerca.
El director del batallón donde pasaron estas cosas se defendió con un argumento irrebatible: “todos nuestros generales han pasado por esto. así es que nos formamos”. y ese es el punto. el ejército está hecho de modo que los que llegan son agredidos por los que estaban antes y por los que están encima, y dedican todas sus energías a subir de algún modo su status para así quedar en posición de joder a los siguientes. supongo que entrenar gente para ser capaz de disparar a otros seres humanos, que probablemente están disparando a su vez, requiere esas cosas. requiere minar la autoestima de la gente, amenazarla, aporrearla y a veces violarla. ¿no?
de hecho, en este país la discusión real nunca ha sido si a los soldados en el ejército los humillan, insultan y golpean. toda la gente que conozco está de acuerdo en que eso ocurre. el único punto de discusión es si debería ser así. muchos aún creen que pasar por eso ‘hace hombres’ a los pelaos. algunos de ellos incluso estuvieron ahí, y mandarían a sus hijos a vivir la experiencia. y yo no entiendo. ¿pasarse la vida criando a alguien para que conozca y practique el respeto -propio y de los otros-, para que resuelva las cosas como la gente, para que nunca se crea el cuento de que el poder significa impunidad para causar daño, y luego entregárselo a una institución que dedicará un año de tiempo completo a convencerlo de lo contrario?
siempre he dicho que hay muchas cosas que no haría por plata. pero si llegara a tener un hijo y estuviera en la inmunda, no garantizo que no me prostituiría para pagarle la libreta militar.




Vergüenza, ajena y propia. Por lo que somos, por lo que demostramos ser, por lo incorregible e irreparable.
¿Acaso la psicología restituirá sus carnes quemadas? ¿Acaso las destituciones y los “castigos ejemplares” a estos “defensores de la paz y los derechos humanos” borrarán el recuerdo en sus mentes?
Pero lo peor es que lo harán de las nuestras, así como con el tiempo se borraron y se seguirán borrando masacres, incursiones guerrilleras, militares y paramilitares, desplazamientos forzados, y cuanto crimen ocurra lejos de nuestras casas. Porque esto es lo hemos conjurado para nosotros y éste es el destino que los poderosos con su hambre de poder y las minorías con su silencio han escogido para las generaciones que vienen.
Abu Grhaib no está tan lejos, sólo que aquí nos atacamos entre nosotros.
Sobre este asunto no tengo nada que añadir. Sólo la misma indignación y tristeza de todos.
menos mal yo no preste servicio militar
Presté mi servicio militar. Nada me quedó de esa época. Tal vez solo el recuerdo de cada teniente que me pegaba o nos hacía la vida imposible (cuando la guerrilla los mataba y aparecían en la prensa) y el recuerdo de los altos oficiales cuando se volvían Ministro de Defensa.