de arrejuntamientos y matrimonios
haciendo el paseo semanal por los blogs, me encontré un post sobre las declaraciones de uribe respecto del matrimonio gay. aunque estoy de acuerdo con algunos de los postulados del autor y en desacuerdo con otros, lo que me llamó la atención -y me impulsó a dejar un comentario- fue que don néstor se preguntaba: ¿para qué necesitan poderse casar los gays, si con que le reconozcan efectos civiles a su unión el resultado es el mismo en términos de derechos patrimoniales?
le decía que la respuesta es simple: necesitan casarse para lo mismo que necesitan casarse los hetero. en ambos casos, convivencia o una sociedad creada ante notario podrían resolver la parte práctica. pero resulta que casarse es un rito de paso. es la declaración pública de un compromiso. es, para los creyentes, poner su amor en manos de un dios para que lo bendiga y lo guíe. es un hecho social crucial en términos del lugar que el individuo pasa a ocupar en la sociedad. y creo que al confundir el matrimonio con sus efectos legales se pierde de vista por qué muchos gays se están peleando el poderse casar. es porque ellos sí ven esa diferencia.
y es que he pensado mucho en el tema por estos días (en el del matrimonio, no el de los gays) porque una de mis amigas más queridas se casa la próxima semana. la primera de una lista que seguramente seguirá creciendo y que lo hace a uno consciente del paso del tiempo. por ahí decían que uno está viejo cuando los amigos se empiezan a casar sin estar apurados. y sí.
más vieja me sentí cuando hace unos días, en la sesión de chimenea, arroz con camarones y mucho vino que siguió a mi grado de la maestría, terminamos hablando de matrimonio. los que quedábamos (eran ya las dos de la mañana) éramos básicamente científicos sociales rondando los 25. y me sorprendió notar que la mayoría éramos gente que, si le hubieran preguntado hace seis años, habría contestado que el matrimonio es una farsa, que lo que importa es otra cosa, que arrejuntarse es suficiente, largo etcétera. pero ahora hemos empezado a pensar otras cosas. a creer que tiene un sentido esto de asumir el compromiso públicamente. a reconocer que sociológicamente es muy distinto irse a vivir con otro que realizar un ritual -del tipo que sea- en el que cambia el status y se elige públicamente un proyecto de dos.
yo no me casaría por la iglesia, primero porque no soy católica y segundo porque no me atrevo a jurar que voy a amar a alguien para siempre y menos que estaré siempre a su lado, sabiendo que eso no depende solamente de uno. además he visto a mucha gente quedarse en un matrimonio de mierda por no faltar a su promesa, con el desgaste emocional que eso implica. pero, contra todo pronóstico, hoy defiendo la idea del matrimonio y el derecho de la gente a casarse entre sí.
aunque yo no tenga ni con quien arrejuntarme.
pd. tarde noté que la señorita angelique me hizo partícipe del meme de los diez latinoamericanos. me halaga mucho que haya pensado en mí, pero me siento incapaz de hacer esa tarea, dado que mi falta de espíritu patriótico se extiende a nivel continental. qué pena con sumercé.
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