en una posdata del post anterior ofrecí someterme a la tiranía del lector y escribir sobre lo que me pidieran. la primera solicitud fue de la señorita stirer, y el tema es “¿por qué no ha puesto los cachos?”. la pregunta surge, supongo, de que en mis cien cosas la número 60 reza “no le he puesto los cachos a nadie, e ingenua yo, no creo que me los hayan puesto aún”. paso entonces a explicar los motivos de tal peculiaridad.
soy pequeña aún. dos relaciones largas y algunos intentos fallidos no son precisamente una extensa vida afectiva de la cual alardear, ni me han pasado tantas cosas como para considerarme del otro lado de nada. he sido muy de buenas y me han tocado hombres generosos, dulces, honestos y comprometidos. más por torpeza que por mala voluntad, ellos me hicieron daño alguna vez, y yo los herí también más de lo que quisiera recordar. pero nunca le puse los cachos a nadie. hasta hoy, claro, porque no estoy dispuesta a jurar que no lo haga alguna vez.
no ha sido, como sería fácil creer, por falta de inspiración o de oportunidades. sí, me han gustado otros niños mientras he estado con alguien. algunos nunca dejarán de gustarme. mi primer amor, con quien pasé casi cinco años, tenía un mejor amigo que me movía el piso de manera fulminante. músico él, con manos largas y rizos oscuros, tocó piazzolla para mí un par de veces y juro que hubiera querido tirármele encima. pero me aguanté.
con ese primer amor volví a hablarme hace poco, cuando yo estaba con quien hasta ahora ha sido el último. nos encontramos para ver si ya era hora de ser amiguitos y descubrimos con horror que la química había permanecido intacta en dos años sin vernos. conversamos delicioso, evocamos recuerdos y a punto estuve de mandar la cordura al carajo y dormir con él. pero no lo hice (al menos no entonces).
los motivos son varios. el primero, creo, es de carácter. aunque suene tonto, me parece que una relación necesita mucha cabeza y mucho corazón, y no me siento capaz de aprendérmele las mañas y lidiarle el genio a dos a la vez. además soy pésima diciendo mentiras, y me embrollaría solita intentando hacer cuadrar las vainas. resumiendo, en primera instancia, no pongo los cuernos porque no tengo la habilidad para hacerlo.
esa es la respuesta sencilla. ahora, si no le da pereza seguir leyendo, pasemos a la verdad. la segunda razón, que es la que más cuenta, es de decencia, por arcaico que suene. hasta ahora la premisa en mis relaciones ha sido no causar daño deliberadamente. que a uno le duelen muchas cosas que el otro hace o dice, por supuesto. pero lo que me impulsa a mí a seguirlo intentando es la convicción de que el otro no hace cosas para causarme dolor, ni yo a él. por lo mismo no grito ni insulto, ni permito que lo hagan conmigo. simple cuestión de mantener la vida vivible.
lo otro es que no soy una mujer celosa, y de la única vez en la vida que tuve un ataque de celos guardo pésimos recuerdos (es una sensación horrible, ¿no le parece?). asumo que si alguien está conmigo es porque es conmigo con quien quiere estar, y que por lo tanto puedo ir por el mundo confiando en que en el momento en que la relación que tenemos no le funcione tanto como para ser la única, tendrá la delicadeza de avisarme. pero sólo puedo creerlo porque eso es lo que yo hago. me temo que incursionar en la infidelidad destruiría para mí la fe en que se puede de otro modo, y me crearía toda la inseguridad y la desconfianza de las que hasta ahora he podido prescindir.
a eso súmele que yo no me creo el cuento de que la gente se pone los cachos y todo sigue divinamente. sé por experiencia propia que cuando algo en mí empieza a sugerir reiteradamente esa posibilidad, es que mi relación no está funcionando. y en vez de tirármela del todo con algo de esa magnitud, prefiero tratar de averiguar qué es lo que me tiene aburrida y ver si tiene arreglo. si se hace el intento y ni así, ok, habrá que pensar en terminar las vainas. pero nunca he sabido de un problema de pareja que se resuelva en una cama ajena.
y finalmente, y esto es quizá lo más impopular que persona alguna puede admitir en estos tiempos: no soy muy amante del sexo de ocasión. no significa que para acostarme con alguien necesite estar comprometida, pero sí necesito que esté pasando algo. las hormonas solas no me alcanzan. o lo quiero, o estamos en un encarrete raro, o nos estamos tirando la amistad, o estamos aprovechando el reencuentro. pero algo tiene que despertarme. y si eso es para un one night stand, ¿se imagina cómo tendría que ser para unos cachos?
.