del album de familia


la tía elio se fracturó la cadera cuando tenía dieciseis años. le compraron bastones y caminadores, pero ella nunca quiso usar ninguno y apoyada en un banquito recorrió la casa toda la vida. por esa misma época decidió no volver a salir a la calle para que no la vieran coja.

esa decisión no resultaba especialmente complicada viviendo en una casa que cuando estaba vacía albergaba diez personas y en un almuerzo de domingo podía recibir cincuenta sin que faltara espacio ni comida. a la puerta llegaban a vender el pescado, las butifarras –que preparaba carlitos, de quien siempre he pensado sin prueba alguna que tuvo amores con mi abuela-, las alegrías con coco y anís y cuanta cosa se necesitara para ajustar el mercado. con los chismes que llegaban en la boca de las mujeres que iban de visita y los que se pasaban los hombres mientras bebían ron bajo los árboles del patio, la tía se mantenía al tanto de la vida, y las frecuentes adiciones a la población de la casa –sobrinos de alguien que llegaban a comer y se quedaban a vivir un par de años, hijos legítimos y naturales de unos y otros- le daban con quien conversar cuando no estaba cosiendo, criando a sus sobrinos, haciendo figuritas de cerámica o impidiendo que los gatos se comieran las palomas del patio.

elio era una mujer vanidosa. tanto que nunca permitió que le hicieran celebraciones de cumpleaños por no decir la edad y de tanto ocultarla logró que la familia la olvidara, de modo que cuando murió no fue posible ponerse de acuerdo en una cifra porque los cálculos de unos y otros diferían hasta por tres lustros. tan vanidosa que sólo volvió a salir a la calle cuando sus sobrinos tuvieron la primera camioneta, que metían al garaje para que ella se montara y en la que la sacaban a dar vueltas por toda barranquilla para devolverla luego a la casa con la dignidad intacta. casi un siglo vivió la tía elio y ni el encierro hizo que le faltaran pretendientes ni el orgullo le impidió enamorarse. pero esa es otra historia larga que les contaré luego.

me alegra

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después de unos días lejos de las maravillas de la interné, vuelvo al blog. había dejado el último post con 13 comentarios y encontré 31, me iba a poner a contestarlos uno por uno pero las elecciones fueron ayer y ya la mayoría de las cosas que tendría por decir habían sido dichas. lamento que no vaya a haber segunda vuelta, por las razones que expuse ahí. me alegra que la izquierda democrática colombiana haya obtenido más votos de los que tuvo nunca y espero que estos cuatro años no se vuelvan ocho. eso en cuanto a la política. pero lo que realmente me dejó contenta fue el tono de los comentarios que dejaron. decentes y argumentados, casi sin excepción. aunque estoy en profundo desacuerdo con algunos de ellos, el hecho de que hayamos podido hablar de esto sin madrazos ni acusaciones me deja un saborcito agradable. gracias a todos los que opinaron.

excepción

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tengo por norma no hablar de política en mi blog y en los ajenos, pero hoy rompo la regla para expresar mi opinión acerca de las opciones electorales del próximo domingo en colombia.

no me gusta uribe, no hay ningún secreto en eso. pero aún si me gustara, creo que es importante que haya segunda vuelta en estas elecciones. el unanimismo es peligroso, señores, las democracias necesitan debate y oposición. permitir un nuevo triunfo de uribe en primera vuelta reforzaría la idea -a la que tanto se aferran algunos funcionarios del alto gobierno- de que no hay control político que pueda o deba ejercerse sobre él, y permitiría invisibilizar una vez más que hay personas en este país que insisten en la necesidad de un escenario democrático amplio y plural, de garantías constitucionales para el ejercicio de los derechos y de transparencia en los procesos políticos.

mockus me gusta, especialmente como académico. sus posiciones son sugerentes, aunque un poco vagas a veces, y su inteligencia es inversamente proporcional a su habilidad para comunicar claramente objetivos y estrategias. me gustó su papel en la alcaldía de bogotá y voté por su lista al senado (que fue un fracaso). pero no votaría por él en estas elecciones.

los motivos son variados: en primer lugar, papá noel me gusta tanto como él, y a ratos más. pero en segundo, resulta que cuanto mayor sea la votación por gaviria, mayores serán las probabilidades de segunda vuelta. y dado que la segunda vuelta es mi prioridad en este momento, no pondría en mockus un voto que en él está bien pero en gaviria estaría mucho mejor.

sí, ya sabemos que es poco probable que papá noel gane estas elecciones. pero con mayor razón hay que votar por él, pues entre más votos tenga, más habrá quien ejerza una oposición seria y razonada durante los próximos cuatro años, con argumentos no solo políticos sino electorales.

votar por carlos gaviria es dejar constancia de que no todos en colombia aprobamos algunos de los métodos que se están usando para conseguir seguridad. es manifestar nuestro rechazo a la lucha armada en todas sus expresiones, e insistir en la necesidad de un proceso de negociación que garantice verdad, justicia y reparación para las víctimas.

mi trabajo depende de las agencias de cooperación internacional. y créanme que se vuelve complicado pedir recursos para trabajar en derechos humanos cuando el país proyecta la imagen de un embeleso acrítico frente a un presidente que pone otras consideraciones sobre la de la vida y las libertades de los ciudadanos. votar por gaviria es decirle al país y al mundo que somos conscientes de que a la democracia colombiana le falta mucho camino y queremos empezar a recorrerlo. y eso, creo yo, hay que hacerlo.

no voy a insistir aquí en las calidades de papá noel, que son en su mayoría de dominio público: quien conozca el trabajo que realizó en la corte constitucional sabrá que si la constitución del 91 es la mejor herramienta que tiene este país, quien mejor la ha sabido usar y más la ha defendido es precisamente este señor. quien tenga en buena estima características como la honradez, la decencia, la argumentación inteligente y sin insultos, el respeto por los otros y por las leyes, sabrá que un presidente así le vendría bastante bien a este país.

alguien me decía hace poco que le parecía un desperdicio que se hiciera una segunda vuelta sabiendo quién va a ganar de todos modos. mi respuesta es que, como en los comerciales, hay cosas que el dinero no puede comprar. una democracia viva, abierta a las opciones y con espacio para las diferencias, no tiene precio. los invito entonces a que le den una pensadita al asunto, y si les suena, voten por carlos gaviria en las elecciones de este domingo. se estarán haciendo un favor.

pd. este post está abierto a sus comentarios y opiniones, pero por favor exprésenlos sin insultos ni descalificaciones. aunque es probable que me tarde un poco, pues no voy a tener internet en estos días, procuraré contestarlos uno a uno.

recuerdo

-life-

cuando entré a estudiar sociología, por allá a los dieciseis, yo era bastante más ingenua y radical. recién descubriendo los abismos de mi ignorancia, me esforzaba -como todos los primíparos- por ocultar al honorable público el hecho innegable de que no sabía dónde estaba parada.

mis compañeros (que eran cuatro o cinco, porque la carrera de sociología en el rosario no era precisamente masiva en esos tiempos) estaban en las mismas. y al ser tan poquitos pronto empezamos a andar juntos por los pasillos y la cafetería, a ir en parche a sacar las fotocopias y a quedarnos conversando en las tardes.

uno de los miembros de ese grupito era costeño. ‘el costeño’, de hecho, porque entre el acento y el modo que tenía de extrañar barranquilla en cada conversación, pronto el gentilicio se volvió apodo. no recuerdo haberlo llamado por su nombre más de dos o tres veces.

el costeño era un tipo simpático, conversador, no muy buen estudiante y aún en el camino de armarse opiniones propias. no sé de dónde lo había sacado, pero cada vez que el curso de la discusión lo permitía, él decía enfático que ‘cuba es el único país con dignidad de américa latina’. nunca nos dio argumentos para sustentar el lugar común, pero después de un par de meses lo molestábamos adelantándonos con lo de ‘cuba es el único país con dignidad de américa latina’ cuando iba a abrir la boca en una conversación. nunca se lo tomó a mal.

con el costeño y el resto de los compañeros desayunábamos con frecuencia en un hueco de esmeralderos en la jiménez abajo de la séptima (en la era pre-transmilenio, por supuesto). echábamos carreta y cantábamos la canción de moda, canela. el corito de ‘quiero morirme de manera singular…’ era el acompañante de las conversaciones, los cigarrillos prendidos a madrazos -éramos tres los fumadores del parche y ninguno cargaba encendedor- y las veces que nos fuimos el costeño, adriana y yo a narcobollo a comer arepas de huevo y añorar la comida barranquillera que fue parte de nuestras infancias. también fuimos un par de veces a su casa, supuestamente a estudiar, y nos quedamos echando carreta algunas horas. me regaló un libro que aún tengo y me presentó a gómez jattin, que en ese momento no me gustó y ahora me encanta.

el costeño era fan de escalona y alejo durán, y soñaba con morirse de viejo en el patio de su casa en barranquilla, con un vaso de ron y veinte hijos de distintas mujeres. en un momento de la vida en que muchos adolescentes jugábamos con la idea de morir jóvenes y nos sentíamos genios incomprendidos, él se burlaba de nuestras ojeras y nuestros asuntos seudotrascendentales: “no, pues, ¡los poetas malditos! ¡baudelaire! ¡rimbaud!”. todavía me acuerdo de él cada vez que estoy a punto de ponerme en ese plan. el costeño se puso de ruana mi cumpleaños de diecisiete, se hizo amigo de mi novio de entonces, expusimos sobre doña virginia gutiérrez de pineda e hicimos planes para el año siguiente.

cuando terminó el semestre salió de una para barranquilla. llevaba dos meses insoportable con el cuento de la falta que le hacía su casa. el 28 de diciembre iba por la carretera con su mamá, su padrastro, su hermanita y una tía y se estrellaron de frente con una camioneta que iba a toda por el carril equivocado. las mujeres quedaron intactas, los dos hombres murieron. el final de 1999 lo pasé llorando al costeño.

el siguiente semestre me salí del rosario. los pocos amigos que quedaron de ahí los seguí viendo por fuera, hasta que algunos de esos lazos desaparecieron y otros se volvieron centrales en mi vida. si el costeño estuviera vivo probablemente ya no seríamos amigos. en cambio está muerto y me acuerdo de él con diecisiete años y una mochila arhuaca, sin tomarse nunca la vida muy en serio. y aunque mentiría si digo que lo extraño, a veces un fantasma con mala letra y algunos buenos chistes se pasea por mi vida. hoy es uno de esos días.

aclaración

pues sí, esas cosas pasan. y no, mamá, no puedo resolverlo. aprecio mucho que confíes en mí y cuentes conmigo, pero no estudié servicio técnico de computadores, no estaba en el pénsum de mi carrera. y haber nacido después de 1980 no me dio un phd automático en sistemas. puede que me las arregle con mi computador, pero no siempre sabré qué hacer cuando llames a decirme ‘yo no hice nada, el letrerito salió ahí de repente’.

pd. gracias a mr. incógnito por la imagen.

nuevo roomate

ahora tengo un gato. lo adopté sin conocerlo y me fue bien, es bonito, amable y no demasiado destructivo. hoy que estuve fuera un buen rato me recibió todo dulce, ronroneaba y frotaba su cabeza contra mis manos mientras lo consentía. me sentiría halagada si no fuera porque hace lo mismo con los objetos que le gustan. es un hecho: para los gatos las personas somos muebles de sangre caliente.

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