constataciones
me contaba mi madre que cuando era adolescente a veces imaginaba que estaba muriéndose en un hospital y se preguntaba quiénes irían a verla. luego, cuando tuvo el cáncer, la situación se hizo realidad y no resultó en absoluto reveladora: estaban quienes siempre habían estado con ella, quienes la habían querido los 32 años anteriores. ¿qué esperaba?
pensaba en eso en estos días en que he estado mal. mi madre vino a verme cuatro días y tuvo que quedarse quince. me hospitalizaron, me pasaron de tramal a morfina (y no, no traba), me durmieron luego dos días seguidos mientras esperaban a que hiciera efecto no sé qué cosa. yo, que en la vida he sido bastante valiente para soportar dolor (al menos físico), llegué a un punto en que me ahogaba, y me pusieron una máscara de oxígeno de las que sólo conocía en ER. luego de eso me recetaron una dosis absurda de codeína y me mandaron para la casa. no he podido ir a la oficina ni a saludar, las náuseas de la droga han hecho que desprecie hasta una hershey’s, he perdido cuatro kilos (aunque de eso no me quejo) y me ha resultado difícil concentrarme hasta para leer novelas o escribir posts.
la experiencia ha tenido cosas bonitas: por un lado, hace mucho que no pasaba tanto tiempo con mi madre. tenerla acá consintiéndome y haciéndose cargo de las cosas fue muy alentador, y aunque el precario equilibrio de mis 45m2 se vio irrevocablemente afectado, no cambiaría por nada esa visita. por otra parte, mi gato demostró la dulzura de su espíritu y se portó como un sol. si es hora de jugar pero estás acostada, no importa, yo me arruncho contigo y ronroneo interminablemente. si te vas a llorar a cualquier rincón sintiéndote miserable, yo me huelo que algo está mal y voy a buscarte para poner mi nariz junto a la tuya. definitivamente este bichito tiene un phd en lo que los gringos llaman entertaining and healing.
y entre todo esto me acordaba del cuento de mi madre, porque aparecieron quienes suelen hacerlo. mi comadre llamó un día sí y otro también, manda desde lejos estuvo pendiente, mi hermanita (que en este momento recorre alemania en muletas porque se fracturó un pie) se gastó sus escasos euros en averiguar por mí, casi toda la familia estuvo ahí de un modo u otro. de resto no aparecieron quienes no se enteraron, porque la verdad yo tampoco tenía ganas de recibir visitas, así que no llamé a muchos que sé que hubieran venido a verme. hasta ahí todo bien.
lo único que me dejó pensando fue alguien que sabía que yo estaba mal y no se ha dignado preguntar en dos semanas. y claro, einstein diría que si quieres resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo. conoces a este hombre. sabes que si le pides ayuda te ayudará, pero que no aparecerá si no lo llamas tú, sin importar de qué precipicio estás colgada. si lo conoces desde hace años, si sabes que tiene más iniciativa una muñeca inflable, si has estado en estas antes, ¿por qué no te haces a la idea de una buena vez? no lo vas a querer menos si al fin entiendes que para él ser amigo tuyo no implica, por ejemplo, llamar a ver cómo te fue en el neurólogo después de que le lloraste una hora el miedo que tenías a esa cita o preguntar por ti cuando sabe que estás en el hospital. cada quien tiene sus modos, y tener expectativas locas sobre la gente suele redundar en contra de uno. de modo que, cual propósito de año nuevo, he decidido no volver a esperar de la gente lo que ya sé que no puede o quiere dar. en serio. y es que no sé por qué algunas personas tenemos la pésima costumbre de esperar durante años a que el olmo dé peras, en vez de buscarnos de una buena vez un peral.
finalmente, he de decir que en principio todo concordaba con la experiencia de mi madre, pero hay una variación: ella no tenía internet. en cambio yo de ustedes he recibido montones de preguntas corteses y buenos deseos, mensajitos de ánimo y compañía constante. muchas gracias por eso. gracias especialmente a alejo, cuya espontánea solidaridad ha sido francamente sorprendente, y a todos los que de algún modo han aparecido para expresar su (no por virtual menos apreciada) preocupación o amabilidad. de veras se les agradece.
pd. esta noche viajo a caracas a una cita médica que esperamos cambie el rumbo de las cosas. voy a estar por fuera una semana, pero trataré de revisar este chuzo con frecuencia. ojalá la maluquera no me impida conocer y disfrutar lo que de interesante tenga la ciudad.



