yo amo mi apartamentico, y he sido feliz casi tres años en él. sus cuarenta y cinco metros se han expandido y contraído a la medida de mis necesidades, ha albergado amigos, amores y familia, ha sido mi oficina y mi madriguera y he amanecido feliz de ver el sol entrar por la ventana durante muchos días. jamás me he arrepentido de haberlo escogido y siempre le tendré el cariño que se ha ganado por ser mi primera casa de niña grande, la primera vez que pagué arriendo y arreglé desperfectos, el primer lugar donde colgué mi hamaca como una declaración de independencia.
amo también a mi hermanita y la recibí con alegría el mes pasado cuando volvió de sus viajes por el mundo y me pidió albergue. nos hemos entendido bastante bien (pese a que no vivíamos juntas desde que yo tenía catorce años) y por primera vez en la vida pesa más la complicidad compartida que las manías propias de nuestras muy opuestas -y no siempre complementarias- personalidades.
aún así, estoy muy muy feliz de irme. aleluya, nos aprobaron el apartamento nuevo. adiós al hacinamiento, a los cajones repletos y a que alguien tenga que pedir posada cuando encuentra la corbata en la puerta (afortunadamente hasta ahora no he tenido que ser yo). nos vamos para un apartamento grande, donde puedo tener mi reblujo de papeles en paz sin que mi hermanita muera de estrés y ella puede ver tv en algún lugar distinto de mi cama. por fin la caja del gato tendrá un lugar que no sea el baño y no tendremos que turnarnos para la ducha. finalmente podremos tener visita un par de días sin tener que dormir con ella y la sala-comedor-estudio-cocina se dividirá en varios espacios, de modo que no haya que parar el trabajo cuando alguien quiera comer. qué emoción, carajo!
el sitio nuevo es absolutamente encantador: lleno de luz, con una vista maravillosa, un estudio amplio y una terracita. hasta matas voy a tener. finalmente mi hermanita y yo podremos dejar de poner a prueba nuestra tolerancia cada mañana y ella podrá sacar sus corotos después de un mes con la vida en una maleta debajo de la cama. yo sigo pagando lo que pagaba y gano como sesenta metros cuadrados de aire y luz. ¿puede haber en el mundo mejores noticias?
finalmente, tengo que admitir que ya estaba necesitando un trasteo. nunca viví más de tres años en el mismo lugar y esta no podía ser la excepción: se cumple el ciclo y es hora de empacar muchas cajas y marcarlas con alegres garabatos de colores, hora de empezar otra vez a buscarle puesto a cada cosa y una excelente ocasión para salir de los excesos de equipaje.
es el décimo trasteo de mi vida consciente. y soy feliz al respecto.
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el último coletazo de la gripa me dejó casi sin voz. como resultado, esta semana he estado hablando pasito, con un susurro ronco que a ratos resulta divertido. y dado que en vez de quedarme en la casita cuidándome la garganta opté por irme a oír blues, tomar cerveza y fumar amsterdamers (que se han convertido en mi nueva adicción) ahora sí estoy oficialmente afónica. sin embargo, el recorderis ha valido la pena: las cosas simples son el único remedio contra el desasosiego. tratar de explicar con esta voz que parece prestada la situación delirante del mundo en el que vivo, caminar por pedazos de esta ciudad que llevaba años sin pisar, ir a cine, comer pizza con mi hermanita y recordar siempre que cada moneda tiene al menos dos caras. para cuando vuelva a tener voz, tal vez hayan vuelto también las ganas de cantar.
postear acrónimos. ver repeticiones de series de asesinos. nadar un rato. ir a comprar concentrado de gato. hacer un vaso tras otro de jugo de naranja. gastarse toda el agua caliente en una ducha. fumarse un cigarrillo conversado. cantar a todo pulmón en la sala de la casa. leer la sombra de ender. almorzar con el mono. jugar con hoshi hasta que los dos terminamos rendidos. comprobar una vez más que casi siempre las cosas suenan como no era cuando se dicen en una ventanita de msn. querer mucho a manda de todas formas. llamar a mi mamá. quemar los cds que tenía pendientes. pasar por la transmisión de miss universo y comprobar que la anorexia se tomó el mundo. escandalizarse ante las costillas famélicas de algunas concursantes, preguntarse por qué siguen haciendo ese tipo de concursos. responderse que ha de ser porque la gente los ve. cambiar el canal recordando a la joven antropóloga bogotana que se puso el reinado de ruana hace unas décadas. no querer ser como ella cuando sea grande. dormir mucho mucho mucho y soñar cosas raras. amanecer con la curiosa sensación de que efectivamente hay un mundo interesante al otro lado de la gripa. trabajar aunque sea un poquito. enjuagar y repetir.
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la otra noche conocí a una diseñadora gráfica que debe rondar los 28. pelo morado (muy bonito, para qué), blusa en la que se las arreglaban para coexistir las transparencias, la tela brillante y el peluche en escote y mangas, pantalones elásticos con fruncidos a los lados y botas de tacón alto. súmele a la lista uñas negras y un anillo de cristales fucsia y tendrá usted el especimen en toda su dimensión. yo la miraba y pensaba en cuán bien podría verse, porque tiene muy bonitos ojos y un cuerpo bacano. y además no es boba, faltaba más. entonces, ¿quién la convenció de que tener estilo propio implicaba hacerse eso?
la explicación fue apareciendo mientras la oía hablar. la niña es pila, claro, y seguro sabe mucho de un montón de cosas que yo ignoro. pero estaba tan empeñada en afirmar su individualidad que a ratos resultaba lamentable. el tipo de persona que necesita que todos nos enteremos de que sus gustos son rarísimos, de que tiene enfermedades que sólo le han dado antes a miembros de la realeza húngara y de que no come -como el novio de lisa en aquel capítulo glorioso de los simpson- nada que produzca sombra.
la miraba y recordaba una parte de mi adolescencia en que hubiese querido ser como ella, y me preguntaba qué misterioso cambio se operó en mí que ahora me parece suficiente con ser yo, con mis clichés y mis manías, y no necesito ser el bicho más raro del acuario para que me pongan cuidado.
que no se me malinterprete: me encanta el pelo morado, tengo un piercing, envidio ciertos tatuajes y no concibo que la gente se haga cirugías para parecerse más al modelo de las revistas. así que no es eso. creo que las diferencias son la mejor parte de conocer a otra gente y he tenido amigos con pintas más peculiares que las de la suscrita. el punto es que todos en algún momento crecimos hasta reconciliarnos con lo común y corriente que es usar tenis o escuchar rocksito, aunque también nos pongamos vainas raras u oigamos punk celta. no negamos nuestras peculiaridades, no nos volvimos un maniquí, pero sí dejamos de necesitar proclamarle al universo que no éramos como él. y ese día, entre otros muchos, el mundo se nos volvió un lugar menos complicado para vivir.
-TOL life-
no me malentienda, señor. a usted no lo extraño. ya pasaron para mí las épocas en que no distinguía el sentimiento en general de la persona en particular, ese tiempo en que sus manos eran para mí la idea misma de contacto y no podía pensar en sentirme segura si no era dentro de uno de esos abrazos inmensos suyos. ya no es el caso. por otro lado, sépalo usted antes de seguir insinuándome bobadas, resulta que yo sigo convencida de que en este momento debo estar solita, por el bien de todos. así que déjelo así. una cosa es que hayamos vuelto muchas veces en esos lejanos tiempos en que lo quise tanto y otra que cada vez que me busque me vaya a encontrar. le digo que no. voy a dejar las cosas como están. y no permitiré que se entere de que, aunque algunas se pueden hacer sola o con los amigos, para algunas otras cosas de vez en cuando me hace tanta falta un niño…
-conversaciones antes de dormir, ya con la luz apagada y la voz medio dormida.
-películas arrunchada con comentarios al final.
-trasnocharse ayudando con trabajo ajeno.
-ir a un buen bar y saber que a la hora que sea sale conmigo.
-que me deseen suerte cuando tengo una reunión importante.
-idas a comer helado.
-noches en vela aunque al otro día haya que madrugar.
-que alguien interrumpa mi trabajo para leerme un párrafo en voz alta.
-consuelito en los días de desasosiego.
-cine de terror tarde en la noche sabiendo que no voy a tener que dormir sola después.
-quien me desenrede el pelo tras la ducha.
-reírme mucho.
-despertares a la madrugada.
-atún (y otras cosas que yo no como) en los estantes de mi cocina.
-caminar de noche por lugares a los que no iría sola.
-cosquillas en los pies.
-una buena razón para elegir con cuidado la ropa interior cada mañana.
-que alguien me compre jabón de hacer burbujas cuando voy al centro.
-jugo de naranja para dos un sábado en la mañana.
-llamadas de medianoche sin que nadie haya bebido.
-comer nachos en cine viendo algo no muy bueno.
-ir a ver cómo quedó el museo del oro.
-que me traigan regalos (aunque sea la laminita de una chocolata jet).
-embobarme oyendo a alguien hablar de cosas de las que yo no sé.
-amigos ajenos y con ellos cuentos que no había oído.
-conversaciones trascendentales sobre pendejadas.
hay tantas vainas que quisiera hacer… y no, mi estimadísimo señor. no va a ser con usted.
trabajar trabajar trabajar. casi parezco uribista en estos días. el trabajo que se acumuló mientras estaba enferma me saltó a la cara y me obligó a ponerme pilas de nuevo. y eso es bueno. es bueno que mi hermanita esté acá, porque su eterno remolino interno sacude un poco mi mundo. es bueno tener cosas para hacer, es bueno ir a nadar, es bueno escribir, hacer entrevistas, ganarse el sueldo con todas las letras. definitivamente tiene razón esta niña en que a veces lo que hay que hacer es simplemente empezar, que en el camino se acomodan las cargas. me ofrecieron un trabajito extra en la nacho para este segundo semestre, ando buscando apartamento con mi hermana -pucha si tenemos que estar grandes para querer vivir juntas-, tengo varios artículos en proceso, estoy otra vez encontrando motivos para pelear contra este dolor de mierda. como decía miss hyperballad (a quien vamos a extrañar mucho si no vuelve) shhh…. heart healing.