ella

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se levanta tarde, siempre trasnochada aunque haya dormido desde las nueve, siempre con rastros de maquillaje corrido bajo los ojos, siempre con cara de que este no ha sido su mes pero qué vamos a hacer si igual hay que seguir intentando.

sale de la ducha algo más compuesta, tarareando poison de alice cooper o alguna otra canción cuyo punto central sea que no me convienes y eres malo y me haces daño pero no me aguanto las ganas de estar contigo porque autodestruirse sola es menos divertido.

para ir a trabajar sólo tiene dos pintas: o se viste como si fuera derechito para el bar después de las cinco, con los ojos ahumados y un escote asesino, o llega casi en piyama y ahogada en las ojeras porque igual en la oficina no va a ver a nadie que le importe y su piel blanca casi transparente, que a los dieciséis tenía un modo hermoso de reflejar la luz, se está volviendo de papel manchado.

y es que ya está un poco más cerca de los treinta que de los veinte, y nunca encontró en sí misma más habilidades para explotar que cierta capacidad de atraer la atención que la gente suele encontrar encantadora los primeros meses y desesperante un tiempito después. se graduó mediocremente de una carrera de la que no sabe casi nada, porque estudiar le parece inútil y poco glamuroso, y siente que en su trabajo nadie aprecia las ideas únicas y originales que propone, ideas que no pasan de ahí porque ella se siente un genio incomprendido y jamás se toma el trabajo de hacer algo con ellas. así que tiene un puesto de nivel medio y podría acostarse con quien fuera, que no logrará nunca un ascenso.

por las noches casi siempre está con alguien, pero amanece sola casi todas las mañanas porque muchos están dispuestos a dormir con ella (y ella, que tiene miedo de quedarse sola, nunca rechaza a nadie) pero pocos soportan su plan matutino de desplantes y lamentos y manchas de pestañina en la almohada, sus desesperados intentos por parecer misteriosa, lo poco que tiene para decir cuando ya las has oído hablar más de tres veces.

en la calle mira con desdén y con secreta envidia a las mujeres simples, esas que trabajan y ven tv y pueden tomarse dos cervezas y salir tranquilitas para su casa, esas que suelen dormir más de una vez con el mismo hombre y que pueden pasar delicioso sin que todos les estén poniendo atención. piensa que nadie en sus cabales puede resistirse a su oscuro encanto y a lo mejor hasta tiene razón, pero a medida que los meses pasan se va quedando más y más sola, aunque sus artes de cacería no hayan perdido todavía su efectividad.

y yo la miro y quisiera invitarla a tomar té y ver películas y llorar un rato y consolarla y que se viera en un espejo menos cruel que el que la espera todas las mañanas, que descubriera las maravillas de la normalidad, que desayunara algo más que tinto y cigarrillo, que decidiera quererse ella solita como si no hubiera hombres en el mundo. y me cuesta creer que alguna vez quise ser como ella…

agregar a favoritos

ayer me preguntaba alguien cuál es mi comida favorita. hice una lista de las que me gustan -árabe, mexicana, thai, largo etcétera- pero el hombre me insistía en que eligiera “mi favorita”. y no pude.

eso me hizo caer en cuenta de algo que en otro momento quizá me habría parecido malo, y que hoy vivo como una liberación: no tengo comida, color, canción o peinado favoritos. últimamente ando probando un poco de todo, disfrutándome cosas de las más diversas índoles y sintiéndome agradecida porque todas me gustan y son, por una hora o dos días, las mejores posibles.

no sé si me estoy quedando sin personalidad y sin criterio o si simplemente se me pasó ya el tiempo de la búsqueda enloquecida por construir una identidad con lo que hubiera a mano. no sabría si mi despreocupación de estos días por asuntos que en otro tiempo creí trascendentales es una mala señal. ignoro si es temporal o definitivo. pero en cualquier caso estoy feliz así.

pd. recién me dieron los resultados del toefl y me saqué 297 sobre 300. qué ñoñez tan bacana.

qué tristeza

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esta mañana, oyendo radio, escuché a un periodista anunciar con voz lúgubre lo que llamó “una triste noticia”: que la corte constitucional autorizó practicarle un aborto a una niña de 11 años, embarazada tras cuatro años de sistemático abuso sexual por parte de su padrastro.

¿perdón? ¿dice usted que lo triste es que se vaya a aplicar la ley que ahora permite tratar de salvar la vida de una niña abusada que no está en condiciones físicas ni emocionales de dar a luz al bebé que un adulto irresponsable gestó en ella? yo que pensaba que lo triste era que en este país se abusara de cientos de niños cada año. así como, ingenua yo, creía que los que merecen la excomunión no son los magistrados que se encargan de evaluar la constitucionalidad de las normas, sino quienes utilizan su poder sobre otras personas para inflingirles un daño tan irreparable como el del abuso.

me resulta intrigante la lógica de una sociedad a la que le preocupa más un bebé hipotético que una niña viva, y la moral de un periodista y una audiencia para quienes no son triste noticia las violaciones sino los intentos por disminuir su efecto devastador sobre las niñas que las sufren. pero eso debo ser yo que ando susceptible.

solamente una vez

-una sola vez me corté el pelo al rape.
-una sola vez lloré en la oficina.
-una sola vez pagué (con mi dinero) una habitación de hotel.
-una sola vez se me quemó un postre.
-una sola vez me pinté las uñas de rojo.
-una sola vez compré un colchón en compañía.
-una sola vez lloré una noche entera.
-una sola vez arrullé a un bebé.
-una sola vez quise inspirar compasión.
-una sola vez elevé cometas.
-una sola vez me emborraché.
-una sola vez pensé en casarme.
-una sola vez falté a un parcial.
-una sola vez besé a otra mujer.
-una sola vez fui jefe de alguien.
-una sola vez dormí con un ex.
-una sola vez leí el nuevo testamento.
-una sola vez vi un fantasma.
-una sola vez me volé de la casa.
-una sola vez me quedaron debiendo plata.
-una sola vez fui sola al hospital.

mil veces te esperé, una sola vez te cerré la puerta. pero esa última es ahora la única que cuenta.

mujer casos de la vida real

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el post anterior desató una avalancha de comentarios (algunos sumamente esclarecedores, otros más bien pataletosos) que tenían una cosa en común: la insistencia en que las vainas no son de un solo lado y en que muchos hombres creen las cosas que creen sobre las mujeres porque han crecido viendo el estereotipo en funcionamiento. porque yo soy la primera en pensar que las mujeres sí la embarramos (y mucho) a la hora de andar con tipos, he aquí una serie de conductas que invito a mis congéneres a abandonar definitivamente. todo se resume -diría una amiga mía- en aprender a conjugar el verbo no. de ahí para delante la vaina se simplifica.

1. sí, mi amor.
su abuelita probablemente no podía decirle al marido lo que quería y cómo lo quería, porque él era el que mandaba en la casa (al menos de nombre). de modo que estableció la práctica costumbre de decirle que sí a todo y después hacer lo que le daba la gana. y usted, que no se ha dado cuenta de que las cosas ahora son a otro precio, acepta invitaciones que no le atraen y da su consentimiento para cenas de quince personas en su casa aunque no las quiera ver, para luego dedicarse a poner su peor cara toda la noche y abrumar a reproches al pobre tipo porque “para qué me llevas si tú sabes que no me gustan esos planes”. pues bueno, mamacita, déjelo en paz, que sumercé fue la que dijo que sí.

2. ¿tú ya no me quieres?
acompañada de “¿cómo me veo?” y “¿por qué no me llamaste?”, esta pregunta sintetiza la peor faceta del comportamiento femenino (lo cual no quiere decir, por supuesto, que no haya hombres que hacen lo mismo). es cierto que a todas nos gusta oír ciertas cosas, pero bombardear al otro con pregunticas en voz melosa para que nos las diga es simplemente desesperante. por lo demás, insistir durante semanas en que “estoy fea” y “no sé por qué todavía andas conmigo” puede tener un peligroso efecto secundario: que después de tenerle que repetir mil veces lo maravillosa que es usted y lo feliz que vive a su lado, el tipo comience a creer lo que usted dice. y ahí sí mija, se la llevó el que la trajo.

3. ¿en serio? ¿por qué?
relacionada con la anterior, hay una manía algo patética. consiste en que si un tipo (y con mayor razón un tipo que le gusta) le dice a sumercé que está bonita hoy, o que la quiere, o que le luce esa falda, sumercé en vez de una sonrisa y un gracias le sale con un interrogatorio digno de torquemada o con un alegato en contra del elogio que deja al pobre sujeto sin ganas de volver a pronunciar una palabra amable en el resto de su miserable vida. “¿pero cómo voy a estar bonita si no me he peinado y además esta blusa tiene un roto y se me corrió la pestañina?”. “¿cuánto me quieres? ¿y por qué?”. ya sabemos que sumercé anda un poco insegura y quiere reafirmaciones. pero exprimir a su consorte para que insista en sus cumplidos no sólo es cansón sino además inútil.

4. no, no, no… sí.
si hay algo más desesperante que los cientos de pendejos que van por ahí convencidos de que “no” significa “sigue insistiendo”, son las miles de idiotas que les dan la razón una y otra vez. convencidas de que hay algo moralmente superior en hacerse rogar, le dicen al otro que no -a ver si se esfuerza otro poquito- con lo cual refuerzan el mito de que las mujeres no saben lo que quieren y hay que darles “un empujoncito” en la dirección correcta. sea seria, hermana. si quiere tener algo con el tipo no se ponga a jugar a la carrera de obstáculos, que de pronto el man se cansa y la deja tirada en la mitad. tenga la decencia de asumir sus decisiones, que si las vainas salen mal a nadie va a convencer la excusa de “es que yo no quería”. igual le hizo. entonces mejor sáltese la escenita intermedia.

5. ¿qué vas a pensar de mí?
ella es adulta, profesional, inteligente y bonita. lleva x días haciéndose ojitos con determinado tipo. y cuando finalmente terminan en la cama, ella -tras una amplia demostración de sus habilidades- mira al techo y dice algo como “yo no soy como tú crees”. a ver, niña: él no cree que sumercé sea una perdida por dormir con él. la sociedad no espera de sumercé castidad y pureza. nadie cree que los únicos que tienen derecho a tener ganas son los hombres y que sumercé simplemente se rindió a su asedio. no. somos gente grande tomando decisiones. en resumen, la única que cree que hay algo mal en lo que sumercé está haciendo es… sumercé. si se siente como una puta por acostarse con alguien, vaya y resuélvalo antes de su próximo affair. pero no le eche el complejo encima al que inocentemente se está fumando un cigarrillo a su lado, que él no tiene la culpa.

6. ay… nada.
el otro lado del tema de “qué te pasa” son las niñas que, de lágrima en el ojo y suspiro profundo, miran al otro con gesto de profunda decepción mientras contestan “nada”. porfa, niña, hágame un favor: para que a mí me crean que no me pasa nada, necesito que usted deje de armar interpretaciones dignas del oscar para que el otro pregunte cuatrocientas treinta y tres veces antes de merecer una respuesta. el momento más edificante de mi vida en pareja ha sido este:
él: -¿te pasa algo?
yo: (con el ojo aguado y el corazón en pedacitos) -no.
él: -ah, bueno (y se va el hijueputa).
yo: - ¡¡¿¿??!!
al rato el hombre vuelve y me dice: tú eres una mujer adulta, capaz y con una envidiable capacidad para articular las cosas que piensas y sientes. por eso, si tú me dices que no te pasa nada, sería irrespetuoso de mi parte pensar otra cosa. en cualquier caso, si en algún momento te pasa algo, me dices y conversamos.
me dejó callada.

en resumen: ¿quiere que la traten como a una mujer adulta, sujeto de derechos, igualmente digna de respeto que su pareja? pórtese como tal. va a ver que no era tan difícil. y usté niño, que se sintió aludido en el post anterior, antes de crucificar a acusaciones a las niñas que hacen lo aquí descrito, recuerde los versos sabios de sor juana inés de la cruz:

pues ¿para qué os espantais
de la culpa que teneis?
queredlas cual las haceis
o hacedlas cual las buscais.

pd. gracias a marcelius por corregirme el despiste.

-tol life, love-

mythbusters para hombres

con frecuencia me pasa que por el simple hecho de ser mujer, algunos creen saber de antemano cómo voy a reaccionar a una situación particular o cuáles son los deseos ocultos de mi corazón. cuando los saco de su error, la respuesta suele ser algo como “eso será usted, porque la mayoría de las mujeres…”. pues bueno, niños, les tengo una noticia: “la mayoría de las mujeres” si es que eso existe, no se parece ni cinco al estereotipo que ustedes tienen en la cabeza. que hay niñas malcriadas, manipuladoras y dependientes, eso se sabe. pero, o los tiempos han cambiado mucho y sus mercedes no se han dado cuenta, o las mujeres que yo conozco son todas raras de la misma manera, porque ninguna hace, cree o quiere esas cosas que ustedes consideran típicas. así que, como un servicio social, he aquí una serie de mitos sobre “las mujeres” que los invito a reconsiderar:

1. “¿tú y yo qué venimos siendo?”
una cosa es que una haya tenido relaciones estables y las haya disfrutado, y otra muy distinta, sépalo bien, que ande buscando desesperadamente con quien casarse. muchas veces -la mayoría, diría yo- esa mujer que usted tiene al frente quiere lo mismo que usted: un amor de verano (que para serlo no debe superar las tres semanas), una escapadita de un par de noches, sexo puro y simple o vaya usted a saber qué más. así que, por el bien de todos, no se arme videos, no empiece a pensar mentiras, no la llame la semana siguiente por cumplir. ella tampoco quería envejecer a su lado, señor. acéptelo, agradézcalo y siga con su vida.

2. “¿segura que quieres ver eso?”
un porcentaje creciente de mujeres en este mundo no gritamos cuando vemos un ratón ni nos tapamos los ojos si en la pantalla aparece sangre. muchas tenemos en nuestra lista de películas favoritas twenty eight days later (traducida en colombia como exterminio) y kill bill, especialmente la 2. somos las mismas que podemos ver documentales un domingo sin compadecer a la gacela que por fin las leonas logran almorzarse y que a fuerza de vivir solas afrontamos con la misma entereza un daño en el calentador o una cucaracha en la cocina. no es que queramos cogerla a besos, pero ¿acaso usted sí? así que bájese de la nube de que esta pobre princesita necesita que usted se haga cargo de ella ante las crueldades de la vida y más bien déle una mano cuando pueda, que se le agradece. no es más.

3. “¿estás lista?”
a mí me gusta verme bien dentro de lo posible. lo mismo le pasa a usted. pero ni usted ni yo nos demoramos una hora vistiéndonos para salir. el que a algunas mujeres se les haya vuelto una obsesión si les luce esa blusa o si engordaron una libra no significa que todas vivamos sufriendo por no ser de portada de revista. la mayoría de nosotras tenemos más cosas en nuestra vida que ropa y maquillaje, y créame que no es de eso que nos amanecemos hablando cuando estamos juntas. así que fresco. una no será angelina jolie, pero sumercé tampoco es matthew mcconaughey, ¿cierto?

4. “¿te pusiste brava?”
yo no sé con qué tatacoas ha compartido usted sus vidas anteriores, pero va siendo hora de que actualice imágenes. no puede ser que cada vez que una mujer está distraída, o anda pensando en otra cosa, o simplemente no es un torrente de sonrisas y mimos, usted se arma el video de que le pasa algo. a la mayoría de las mujeres que conozco no nos pasa nada el 96.7% de las veces que nos preguntan. así que, por favor, relájese. si nosotras hemos logrado escapar del cliché de las preguntas maricas (aunque de vez en cuando se nos salga un “¿en qué piensas?”) tal vez es hora de que usted comience también a dejar la paranoia y entienda que cuando nos quedamos calladas no siempre estamos preparando un mierdero. muchas veces lo único que pasa es que un tipo bien parecido entró en nuestro campo visual.

5. “¿quieres ser mi… mamá?”
es cierto que nos educaron para ser buenos partidos, y en consecuencia sabemos cocinar, bordar, hacer masajes y limpiar vidrios. pero eso no quiere decir que queramos adoptar a cuanto pendejo nos pasa al frente. no hay en este mundo una cosa más sexy que un tipo que sabe arreglárselas solo, ni nada tan aterrador como un niño perdido al que hay que escogerle la ropa y cantaletearlo para que se tome un remedio a la hora que es. estamos plenamente dispuestas a consentirle una gripa y puede que alguna vez nos dé por prepararle una comida especial. pero eso no quiere decir que nos interese cuidar de usted, darle de comer y resolverle los problemas, ni ahora ni después. comprensivas seremos, pero bobitas sí no.

6. “¿te vas?”
la idea hollywoodense de que las mujeres cuando se enamoran quieren estar 25 horas diarias pegadas de su amorcito es algo inexacta. eso pasa uno que otro fin de semana, al menos en la etapa de la nubecita rosada con olor a canela. pero luego la vida sigue su curso, y el amor tiene que encontrar un modo de coexistir con el resto de la vida. porque, ¿cómo le explico?, teníamos una vida antes de que usted llegara. una vida que incluía amigas y amigos, libros, películas, familia y otro montón de cosas que no siempre queremos compartir con sumercé. así que, cuando esa niña tan querida le diga que hoy va a salir con los amigos, no se quede en la casa rumiando los celos. salga con sus propios amigos, que así al otro día tendrán algo que contarse. si ella quiere pasar una noche sola en su casa, no se arme videos. vaya usted a ver a sus papás y entérese de los últimos acontecimientos familiares. le aseguro que al otro día ella no lo habrá olvidado y probablemente lo recibirá con más afecto del que mostró en la despedida. yo sé por qué se lo digo.

y finalmente, un consejito gratis: deje la hijueputa prevención y corra el riesgo de conocer a la nena que tiene en frente en vez de pensar que ya sabe cómo es porque con la novia del colegio usted aprendió todo lo que hay que saber sobre las mujeres. es altamente probable que esta sea distinta y que usted, por andar de pendejo, no se haya dado cuenta.