de generaciones
en mi casa, que no es la mía sino la finca de mi familia, donde es impajaritable pasar el 24 al menos mientras vivan los abuelos, las tradiciones son una cosa importante.
la novena, por ejemplo, está más allá de toda discusión. aunque el porcentaje de católicos entre los primos no supera el 30%, aunque la mayoría preferiríamos estar leyendo o jugando cartas, aunque cada día nos sentimos menos representados por aquello de “esta pobre humanidad agobiada y doliente”, igual ahí estamos. aprovechamos para sentarnos cinco primos en una silla de tres puestos, para soplarnos entre dientes las oraciones que no nos sabemos y para improvisar una versión ska-core de “pero mira cómo beben los peces en el río”, acompañada con las panderetas hechas de tapas aplastadas de gaseosa y las maracas anaranjadas de chocolisto con las que nos han puesto a cantar villancicos durante veintitantas navidades.
luego el abuelito esconde en algún rincón la figura de cerámica del niño jesús que unas horas después deberá completar el pesebre, y no hay matrimonios, posgrados ni tatuajes que puedan impedir que alguno de nosotros se tire al piso o se trepe a las ventanas para buscarlo, porque el que lo encuentre se gana “unos pesitos” que -vea usted lo que es la devaluación- ya son cien veces más que cuando yo me los gané por última vez.
tengo una prima que va a cumplir treinta y otra que este año sale de kínder, pero en navidad solemos convertirnos en una masa indiferenciada de niños chiquitos que corre por la casa y altera la digestión de los perros. nuestras evidentes diferencias políticas y profesionales quedan anuladas por unos días, y surge por allá al fondo una sensación de identidad reconfortante.
esta navidad, sin embargo, vi abrirse a mis pies una brecha generacional de dimensiones aterradoras. ocurrió el 24, cuando una de mis primas, que está empezando la universidad, se quedó mirando una camiseta que tenía el nombre y la imagen de kurt cobain (jovencito y con audífonos) y, sumamente intrigada, le preguntó al mono, que la tenía puesta: ¿kurt cobain es un dj?
no se imaginan cuán vieja me sentí.



