-me gusta pelar las naranjas y comérmelas por gajos, como si fueran mandarinas.
-murakami es un putas.
-el pescado sí es rico, desde que no se prepare al estilo del eje cafetero.
-tengo más disciplina de lo que pensaba, es sólo cuestión de saber lo que quiero.
-¡la nueva videotienda de al lado de mi casa tiene cuatro películas de peter greenaway!
-la idea de finca incluye para mi padre cultivos autosostenibles y una vaca. a mí me basta con que haya flores y una huerta con romero, albahaca y yerbabuena.
-mi problema con el punto de cruz no es de habilidad, es de constancia.
-hasta la gente más interesante puede volverse estúpida si tiene suficiente alcohol en la sangre y un par de tetas al frente.
-los cátaros eran en efecto buena gente.
-no me da remordimiento gastarme la plata en libros (vienen 8 novelas en camino. gracias, amazon).
-la grabadora de mi mp3 realmente sirve.
-puedo hacer sola cosas para las que siempre pedí ayuda. me demoro el triple, pero las hago bien.
-mi seguridad no me preocupa tanto como hubiera querido creer.
-camille mamacita.
-me está sobrando tiempo… ya es hora de volver a mi época de trabajar tiempo y medio.
-el portugués lo lee cualquier pendejo. tratar de hablar ya es otra cosa.
-extrañaba vivir sola. me encanta tener mi casa para mí.
el cambio de template era solo una parte. ahora voy a pasarme a la última versión de wordpress, voy a cambiar de proveedor de hosting y a transferir mi nombre de dominio -a uno que sí me va a tocar pagar-. ¿y por qué se los cuento? porque es probable que en los próximos días el blog esté caído, mientras todas esas cosas pasan. entonces, no digan que no les avisé :)
-cortarse y/o teñirse el pelo de forma radical
-botar su cepillo de dientes (el de él)
-redecorar el cuarto
-ser hipereficiente en el trabajo por un par de semanas
-decidir aprender otro idioma
-poner a máximo volumen la música que él no soportaba
-volverle a hablar a las primas
-autoanalizarse sistemáticamente hasta entender qué fue lo que pasó y no volverse a preguntar por ello
-recuperar placeres individuales: jardinear, cepillar al gato, ver project runway
-aceptar invitaciones de tipos que a uno no le gustan pero con los que se puede conversar
-morir de ganas de saber de él y no querer volver a saber de él en la vida. intercalar repetidamente.
-ir a un parque de diversiones y gritar como poseída en la montaña rusa
-pensar en borrarlo del messenger
-alegrarse después de no haberlo borrado
-elegir a cuáles de sus amigos (los de él) se les quiere seguir hablando
-terminar los libros empezados
-hablar del tema casi exclusivamente durante dos semanas y después desterrarlo de las conversaciones, salvo que pregunten
-perder dos o tres kilos
-borrar los archivos de él del computador de uno
-hacer una lista de reproducción específica para la tusa
-borrarla cuando la tusa acabe
-cambiar la plantilla del blog :)
si eso no le restaura el corazón, ahí sí no sé… a mí definitivamente me funciona.
si yo fuera mejor persona, el evento de ayer me habría dejado preocupada por la situación humanitaria en nariño, por el surgimiento de nuevos grupos armados ilegales o por el auge del narcotráfico y sus implicaciones para la población de las zonas de frontera. en cambio, lo que más me afectó fue escuchar a un parlamentario colombiano decir “ecsenario” seis veces en una presentación de menos de veinte minutos.
superficial que es una.
tuve muchas infancias.
una, barranquillera, se nutría de tamarindo bajado del árbol del patio de mi abuela, de enyucao dulce y de pargo rojo frito. fue una niñez de bolis comprados a escondidas, de cayeye al desayuno y de raspao en conos de papel encerado, de ese que traía tres sabores -amarillo, rojo y verde- y un chorro siempre insuficiente de leche condensada.
otra ocurrió en manizales, con los fríjoles sagrados de todos los domingos y los viajes a la cocina justo antes de almuerzo a escamotear tajadas calienticas y trozos de aguacate. esa niñez vivía de guayabas maduras cuyos gusanitos rosados me comía sin verlos, de buñuelos navideños y de jugo de mango.
mi tercera infancia se alimentó de los almuerzos cotidianos de cremita de ahuyama con el arroz adentro y de la comida perezosa de los sábados: maíz tierno con huevo y salchichas en pulpito. en ella aprendí a hacer suspiros con un corozo adentro, las famosas arepas de huevo de mi padre y el postre de peras con que mi mamá resolvía por igual bazares de colegio y almuerzos familiares.
no son esos, claro, los únicos sabores que me mueven el alma: el fin de la adolescencia, los viajes, la curiosidad culinaria y los amores han ampliado mi catálogo de nostalgias gastronómicas hasta lo inconcebible, y me han dejado una lista de antojos que por estos días resuelvo invitando a almorzar a los amigos y planeando tortas de chocolate con cointreau para el fin de semana.
y ahora entiendo por qué no toqué una olla en este tiempo que estuve por fuera… cocinar es, al menos para mí, un modo más de estar en casa.
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pd. este post es una tardía respuesta a una de las solicitudes de la pasada tiranía del lector. espero que los próximos se demoren menos…