y aunque no quise el regreso…
en estos días he estado recorriendo los senderos de adoquines por donde caminaban mis diecisiete años.
volver a las escaleras, las plazas y los corredores donde pasé cinco años -no sé si los más felices, pero sí los más fértiles y los más concienzudos de mi vida reciente- es como reencontrar a alguien que me caía bien y a quien no sé si tenga aún algo que decirle. los espacios son y no son los mismos, los sonidos van de lo familiar a lo incomprensible, los rostros se repiten, vagamente similares. donde hubo gente a la que uno no veía ya de tanto verla, ahora hay lectores láser que descifran los códigos de barras. donde iban las revistas ahora están los libros y los computadores no han perdido un minuto de los tantos que pasan con la luz apagada, y se han reproducido hasta lo inconcebible.
cuando uno vuelve a la universidad por propósitos estrictamente académicos -hacer uso de la biblioteca y las bases de datos, firmar un último papel en la oficina de publicaciones- se da cuenta de que nunca antes había ido a eso. aún para quienes, como yo, dieron rienda suelta a su ñoñez en los sucesivos semestres de carrera, estudiar fue apenas una actividad más. uno iba a la universidad a echar carreta en los descansos de las escaleras, a leer sentado en el piso junto a la entrada a la espera de alguien, a tomar el sol mientras oía ensayar a los de música, a desayunar nestea con arepa de queso.
uno iba a la universidad a cine, a foros, a conciertos, a tomar café y a fumar en compañía. uno iba a perderse buscando un edificio frente al cual llevaba años pasando y a sentirse conquistando un nuevo territorio en el sótano de artes, donde estaban los cuartos oscuros de fotografía. uno iba a la universidad a ver y a que lo vieran, a oír y a que lo oyeran, a subrayar fotocopias manchadas de pasto y a ver pasar a los niños que le gustaban.
sin haber sido nunca la de los mil amigos, ir a la universidad en estos días y volver a salir sin haber saludado a nadie con abrazo me resulta muy extraño y un poquito desolador. me recuerda que ahora tengo una vida en que para ver a los amigos hay que ponerse citas, y que hay mucha gente a la que le tuve afecto pero con la que no llegué nunca a la intimidad de intercambiar teléfonos, porque no hacía falta: en algún momento de la semana coincidiría con ellos en una fila -la de la cafetería, la de la fotocopiadora, la de la biblioteca, la de renovar el carnet- y me pondría al día de chismes y de cuentos. me entristece que si hoy me los cruzara por la calle, ni siquiera me detendría a saludarlos. porque no hay ya nada que compartamos, salvo quizá el recuerdo de una cabra loca que se comía las maquetas, el del eco de los tacones en las escaleras de artes o el de un hombre que arrastraba tras de sí a su perro disecado.




Y es que de eso se trata, porque sin pensarlo la universidad suele tornarse el mejor lugar del mundo, dónde comprobamos que la felicidad es efímera, que lo bueno dura poco, y que lo peor no ha llegado.
cuando fui a Colombia hace seis meses y caminar por varias calles de Bogota o de mi pueblo natal, Socorro, senti que los espacios ya no eran los mismos, que no habia magia o que para reencontrarla tendria que estar nuevamente en ellos. Quiza aveces sea un tanto triste volver a lugares que uno habito. Ahhh me lei hace poco El Testigo de Villoro, me gusto mucho porque trata precisamente parte de esa sensacion que uno tiene al volver luego de un buen tiempo que se ha ido. Recomendadisimo para estos dias que tiene esa sensacion :)
Yo pase de estudiar en la U directamente a dictar clases alli mismo.
Despues de 5 anhos de estudio, estuve 5 anhos trabajando hasta que sali del pais para seguir estudiando.
Dos anhos despues, al regresar a Colombia, al caminar por ese lugar, me di cuenta aunque no muchas cosas habian cambiado me sentia una extranha en ese lugar.
De pronto la que cambio fui yo.
La época que pasamos en la Universidad siempre es recordada después con nostalgia… y la verdad es que tu escrito me ha puesto muy nostálgico.
Saludos.
De acuerdo con mafe, creo que la que cambió fue uté, ñorita. O sus circunstancias (porque no la conozco casi). Al fin y al cabo crecer es cambiar de circunstancias, y tanto su U como ud. crecieron.
Los espacios terminan siendo insípidos. El sabor lo ponemos los humanos. En esta ocasión no tuviste de quién probar su sazón.
Que bonito y nostálgico post. Es curioso como un espacio tan impersonal puede tener tantos significados. Eso de sentirse que no se es de ahí siendo que antes era lo opuesto … es raro. Ha sabido expresar muy bien algo por lo que pasamos tal vez todos.
Inevitable y se complica más cuando ellas se casan y tienen hijos. Resulta que se vuelve prácticamente obligatorio invitarlas con marido a bordo a las reuniones de ex compañeros de la u así uno no tenga nada de qué hablar con el fulano, ni él velas en el entierro. Nos cae divinamente, sólo que si va seguro se va a sentir fuera de lugar.
Esa experiencia de regresar a los viejos y conocidos lugares te lleva a mirarte en el espejo y asumir muchos sentimientos. Hace algunos meses yo regrese a mi universidad, despúes de varios años. Iba con mi hijo de la mano y recorrimos cada rincón. Le conté mis historias y acompañe su asombro y sus preguntas. Me gustó mucho lo que sentí entonces… !Un abrazo!
Güau, hasta sentí nostalgia.
Y a mi que me gustan los edificios abandonados y vacios… bueno no importa
Un saludo
A sumercé la picó la nostalgia universitaria…. a mi ya me ha picado varias veces, pero finalmente uno cambia los espacios y si probablemente tuviéramos la oportunidad de hacer otro pregrado, aún en la misma universidad, la experiencia sería 100% distinta…
Pues leer esto me parece algo raro, porque lo que para ti es nostalgia, para mi es expectativa, entponces lo considerare como una mirada al futuro próxmo si no te molesta. Un abrazo.
No he salido de la universidad, pero al leerte recordé que sólo me falta un semestre y unos cuantos recuerdos que atesorar de este último empujón hacia la vida adulta. Me conmovió realmente, porque mis mejores y peores años los pasé en las callecitas adoquinadas de mi tempano universitario. Mis amigos, mis trasnochas, mis tristezas, las campañas perdidas, las piezas (publicitarias) que gustaron, las rabietas, los parciales malucos, el profesor de estadistica II, la materia perdida, los de medios, el descubrimiento…bueno, podría quedarme aqui, describiendo todo lo que vivi en la montaña que queda al lado de Monserrate, pero mejor te felicito porque lograste despertar buenos motivos¡
Un abrazo y espero verte por mi blog: Poesia antes de la poesia¡¡
Pd: Seguiré visitando