google y yo

hago el ejercicio-narcisista-vuelto-meme de buscarme en google, con nombre y apellido.

la primera sorpresa es que 8 de los primeros 10 resultados -7 si busco con google en inglés- hablan de la yo que sí soy, lo que suponemos es resultado de tener un apellido más bien inusual y haber publicado un par de cosas en los últimos años.

en los siguientes registros voy descubriendo a mis alter-egos:
-soy parte del equipo de dirección de un instituto educativo en chile. por lo que indica la foto, soy bajita, tengo un corte de pelo espantoso y uso un suéter rosa. mal comienza esto.
-distribuyo en santiago de chile “una revista española que contiene recetas de cocina y que aporta ideas de cocina modernas, prácticas, divertidas y saludables.” la cosa va mejorando, aunque la distribución editorial no parece ser un negocio emocionante.
-mucho más interesante resulta el tercer hallazgo: estoy matriculada en la cámara de comercio de barrancabermeja, mi segundo apellido es martínez, y probablemente soy prima de mí misma por los lados de un tío abuelo al que la yo que esto escribe no conoció y del que ha oído hablar por estos lados.
-quizá lo más bonito es que -otra vez chilena- soy parte de un proyecto para salvar palabras en vías de extinción, y apadrino la palabra falena, que se refiere a una mariposa crepuscular y que quien esto escribe no había oído nunca. también tengo un blog, que firmo con mi primer nombre, nombre que no comparto con la que aquí escribe.
-y finalmente, soy española, directora administrativa de una real sociedad que desde 1918 promueve el estudio de la obra de un señor marcelino menéndez, que vaya usted a saber por qué considero importante en la historia de la literatura…

esa soy. me parece curioso no encontrar deportistas, locutoras o delincuentes, como encuentran otros que han hecho el mismo experimento. ¿estaremos, mis homónimas y yo, condenadas a vivir un mundo de palabras?

inquietudes

estoy terminando un proyecto para una agencia de naciones unidas. es sobre un tema que nunca había trabajado, y eso ha hecho que me toque leer montones y enterarme de leyes, decretos, políticas públicas e informes de las comisiones de la oea.

entre las cosas que he aprendido haciendo este proyecto, es que de los 13.000 procesos por violencia intrafamiliar que ha tratado la fiscalía desde que se implementó el sistema penal acusatorio en bogotá y el eje cafetero, cuatro han concluído con sentencia acusatoria. sí, cuatro. 7.000 se “resolvieron” en una audiencia de conciliación y 2.000 precluyeron porque la víctima retiró los cargos. los otros casos ahí siguen o al acusado ya lo declararon inocente.

me genera preguntas la posición de una mujer en una audiencia obligatoria de conciliación en que su marido promete no volver a pegarle, firman un papel y se van para la casa. me inquieta que baste con retirar los cargos para que cese toda investigación, cuando todos sabemos que lo primero que hace un agresor es amenazar a la víctima para que quite la denuncia. me angustia saber que el delito de violencia intrafamiliar en colombia es siempre excarcelable, aunque sea la octava vez y se hayan violado las medidas de protección previas.

pero lo que más me angustia y me duele es saber que hay policías, funcionarios de comisarías de familia y gente en el instituto de bienestar familiar que le echa la culpa a las mujeres de que les hayan pegado. que por qué lo provocó, que usted qué le dijo para que él le pegara, que por qué llegó tan tarde ese día. o peor: que por qué no aprende.

que haya quien le niegue atención a una mujer golpeada porque no es la primera vez y ella no lo ha dejado me resulta simplemente increíble. “debe ser que le gusta desde que no se ha ido”, dicen el agente, el doctor y los vecinos. alguien que les explique que hay algo que llaman dependencia económica y afectiva, que hay algo que llaman custodia de los hijos, que hay algo que llaman miedo. alguien que les diga que romper el ciclo del maltrato es muy complicado cuando usted lleva aguantándolo desde que era chiquita y no conoce otra forma de ser tratada, cuando usted tiene la autoestima por el piso, cuando usted no conoce sus opciones ni cree tener la fuerza para afrontar los riesgos -que son muchos.

este proyecto es para pagarle a alguien para que se los diga, al menos a los funcionarios públicos. crucen los dedos para que me lo aprueben, porque yo ya no sé dónde meter el desconsuelo que este tema me produce.

gracias

porque este tipo de cosas me dan ánimo para seguir andando.

de vivir en tierra caliente

cosas que sí
-las lagartijas
-andar descalza por la casa a cualquier hora de la noche
-varias duchas al día
-la gente sentada en las puertas de las casas al atardecer
-las mandarinas recién salidas de la nevera

cosas que no
-el hedor de las carnicerías
-no soportar el pelo suelto
-que esté todo cerrado a medio día, incluídos restaurantes, tiendas y panaderías
-no poder caminar largo salvo de noche
-los dulces blanditos, tibios y pegajosos

error de destinatario

salgo anoche de la oficina a las nueve y media. camino a casa paro a comprarme algo de comer y veo a la gente siguiendo una telenovela en la pizzería. la escena es un clásico: una jovencita humilde en presentación ante los suegros ricos, encartada con las sucesivas hileras de cubiertos y horrorizada porque le sirven de entrada un plato de caracoles.

estoy a punto de empezar a despotricar contra la burda copia de la -mil veces hecha antes- escena de pretty woman cuando caigo en cuenta de que la gente a mi alrededor está feliz. comentan, se ríen, paran lo que estaban haciendo por no despegar los ojos de la pantalla. ¿de qué me quejo?

aquellos que no vemos novelas -y que, en general, no vemos televisión- solemos explayarnos en nuestras críticas a la programación de los canales nacionales. se nos olvida que esa programación no tiene por qué gustarnos, porque no es para nosotros que la hacen: es para los millones de colombianos que sí siguen las aventuras tragicómicas de la niña pobre enamorada del rico, y que probablemente compran lo que les venden en los comerciales.

tras el cónclave en que fue elegido el papa benedicto, muchos amigos míos estaban escandalizados. y yo me preguntaba… ¿con qué autoridad pedimos un papa abierto, liberal y progresista, si no somos católicos? el papa no lo eligen para nosotros, porque nosotros no somos su público. el público del papa son quienes van a misa y para ellos es que hay que elegirlo. y ahí probablemente no estaba muy despistado el espíritu santo…

alguien me dirá que si no veo televisión nacional (y de la otra tampoco, porque acá no llegan dr. house ni grey’s anatomy) ni voy a misa es precisamente porque las novelas y el pontificado de estos tiempos son más bien desastrosos. y yo le diré que mal harían en “mejorarlos” para que se parecieran a mis preferencias, cuando hay tanta gente a la que le gustan así. el problema no es de ellos, sino nuestro. el problema es de target.

de a poquitos

quisiera escribir, contarles de la vida, del sol y las mujeres y el río y los talleres. pero no me sale nada largo o coherente, así que les hago un cambio: en horario de oficina estoy en twitter, por ahí pueden seguirme la pista. y cuando me vuelva a sentir capaz de hablar en más de 140 caracteres, con gusto les aviso.