.el post anterior desató una avalancha de comentarios (algunos sumamente esclarecedores, otros más bien pataletosos) que tenían una cosa en común: la insistencia en que las vainas no son de un solo lado y en que muchos hombres creen las cosas que creen sobre las mujeres porque han crecido viendo el estereotipo en funcionamiento. porque yo soy la primera en pensar que las mujeres sí la embarramos (y mucho) a la hora de andar con tipos, he aquí una serie de conductas que invito a mis congéneres a abandonar definitivamente. todo se resume -diría una amiga mía- en
aprender a conjugar el verbo no. de ahí para delante la vaina se simplifica.
1. sí, mi amor.
su abuelita probablemente no podía decirle al marido lo que quería y cómo lo quería, porque él era el que mandaba en la casa (al menos de nombre). de modo que estableció la práctica costumbre de decirle que sí a todo y después hacer lo que le daba la gana. y usted, que no se ha dado cuenta de que las cosas ahora son a otro precio, acepta invitaciones que no le atraen y da su consentimiento para cenas de quince personas en su casa aunque no las quiera ver, para luego dedicarse a poner su peor cara toda la noche y abrumar a reproches al pobre tipo porque “para qué me llevas si tú sabes que no me gustan esos planes”. pues bueno, mamacita, déjelo en paz, que sumercé fue la que dijo que sí.
2. ¿tú ya no me quieres?
acompañada de “¿cómo me veo?” y “¿por qué no me llamaste?”, esta pregunta sintetiza la peor faceta del comportamiento femenino (lo cual no quiere decir, por supuesto, que no haya hombres que hacen lo mismo). es cierto que a todas nos gusta oír ciertas cosas, pero bombardear al otro con pregunticas en voz melosa para que nos las diga es simplemente desesperante. por lo demás, insistir durante semanas en que “estoy fea” y “no sé por qué todavía andas conmigo” puede tener un peligroso efecto secundario: que después de tenerle que repetir mil veces lo maravillosa que es usted y lo feliz que vive a su lado, el tipo comience a creer lo que usted dice. y ahí sí mija, se la llevó el que la trajo.
3. ¿en serio? ¿por qué?
relacionada con la anterior, hay una manía algo patética. consiste en que si un tipo (y con mayor razón un tipo que le gusta) le dice a sumercé que está bonita hoy, o que la quiere, o que le luce esa falda, sumercé en vez de una sonrisa y un gracias le sale con un interrogatorio digno de torquemada o con un alegato en contra del elogio que deja al pobre sujeto sin ganas de volver a pronunciar una palabra amable en el resto de su miserable vida. “¿pero cómo voy a estar bonita si no me he peinado y además esta blusa tiene un roto y se me corrió la pestañina?”. “¿cuánto me quieres? ¿y por qué?”. ya sabemos que sumercé anda un poco insegura y quiere reafirmaciones. pero exprimir a su consorte para que insista en sus cumplidos no sólo es cansón sino además inútil.
4. no, no, no… sí.
si hay algo más desesperante que los cientos de pendejos que van por ahí convencidos de que “no” significa “sigue insistiendo”, son las miles de idiotas que les dan la razón una y otra vez. convencidas de que hay algo moralmente superior en hacerse rogar, le dicen al otro que no -a ver si se esfuerza otro poquito- con lo cual refuerzan el mito de que las mujeres no saben lo que quieren y hay que darles “un empujoncito” en la dirección correcta. sea seria, hermana. si quiere tener algo con el tipo no se ponga a jugar a la carrera de obstáculos, que de pronto el man se cansa y la deja tirada en la mitad. tenga la decencia de asumir sus decisiones, que si las vainas salen mal a nadie va a convencer la excusa de “es que yo no quería”. igual le hizo. entonces mejor sáltese la escenita intermedia.
5. ¿qué vas a pensar de mí?
ella es adulta, profesional, inteligente y bonita. lleva x días haciéndose ojitos con determinado tipo. y cuando finalmente terminan en la cama, ella -tras una amplia demostración de sus habilidades- mira al techo y dice algo como “yo no soy como tú crees”. a ver, niña: él no cree que sumercé sea una perdida por dormir con él. la sociedad no espera de sumercé castidad y pureza. nadie cree que los únicos que tienen derecho a tener ganas son los hombres y que sumercé simplemente se rindió a su asedio. no. somos gente grande tomando decisiones. en resumen, la única que cree que hay algo mal en lo que sumercé está haciendo es… sumercé. si se siente como una puta por acostarse con alguien, vaya y resuélvalo antes de su próximo affair. pero no le eche el complejo encima al que inocentemente se está fumando un cigarrillo a su lado, que él no tiene la culpa.
6. ay… nada.
el otro lado del tema de “qué te pasa” son las niñas que, de lágrima en el ojo y suspiro profundo, miran al otro con gesto de profunda decepción mientras contestan “nada”. porfa, niña, hágame un favor: para que a mí me crean que no me pasa nada, necesito que usted deje de armar interpretaciones dignas del oscar para que el otro pregunte cuatrocientas treinta y tres veces antes de merecer una respuesta. el momento más edificante de mi vida en pareja ha sido este:
él: -¿te pasa algo?
yo: (con el ojo aguado y el corazón en pedacitos) -no.
él: -ah, bueno (y se va el hijueputa).
yo: - ¡¡¿¿??!!
al rato el hombre vuelve y me dice: tú eres una mujer adulta, capaz y con una envidiable capacidad para articular las cosas que piensas y sientes. por eso, si tú me dices que no te pasa nada, sería irrespetuoso de mi parte pensar otra cosa. en cualquier caso, si en algún momento te pasa algo, me dices y conversamos.
me dejó callada.
en resumen: ¿quiere que la traten como a una mujer adulta, sujeto de derechos, igualmente digna de respeto que su pareja? pórtese como tal. va a ver que no era tan difícil. y usté niño, que se sintió aludido en el post anterior, antes de crucificar a acusaciones a las niñas que hacen lo aquí descrito, recuerde los versos sabios de sor juana inés de la cruz:
pues ¿para qué os espantais
de la culpa que teneis?
queredlas cual las haceis
o hacedlas cual las buscais.
pd. gracias a marcelius por corregirme el despiste.