demasiado y aún insuficiente
estos últimos días han sido una avalancha de descubrimientos -estéticos, sociales, familiares, culinarios, científicos y personales- que me dejó con el corazón tibiecito y unas cuantas fotos que se pueden ver aquí.
lo importante, como siempre, no sale en las fotos. la experiencia de oír gente hablando en cinco idiomas distintos en un lapso de dos días, de que la mujer que va a mi lado en el ferry esté leyendo en chino y la de adelante en español, de que haya gente de todos los colores en todos los espacios, es algo que no puedo resumir en una foto ni en diez páginas de charla.
el bay bridge iluminado en la noche, los edificios de san francisco apareciendo detrás de la niebla que cubre la bahía, los acantilados de monterey y los edificios del campus del mills college superan también mi capacidad de descripción. baste decir que hay casas y cosas de todos los colores, de todos los estilos, de todas las épocas. la arquitectura victoriana y la mexicana colonial, el bosque y el pacífico, todo se junta al norte de california y todo tiene su lugar y su tiempo bajo el sol.
¿cómo explicar lo impresionante que es para mí que una bahía alrededor de la cual se apiñan más de diez ciudades se mantenga perfectamente limpia hasta el punto de que se puede pescar en cualquier parte? ¿cómo describir la sensación de ir por una calle en monterey que bordea la playa, y toparse con medio centenar de focas que toman el sol panza arriba a veinte metros de donde uno dejó el carro? no lo logro.
puedo contar que en el acuario de monterey vimos animales que no sabía que fueran posibles, que parecíamos niños chiquitos corriendo por entre las exhibiciones para volver a ver -solo una vez más- las medusas cuyos tentáculos separan la luz y crean arcoiris. que, nostálgica de mis gatos, me puse a jugarle a una nutria africana a través del vidrio, y ella jugó conmigo como veinte minutos.
puedo contar que mis tías me pasearon, me ayudaron y me consintieron de un modo que hizo que la visita hubiera valido la pena aún si no hubiera habido nada para ver en la bahía. que estar en una casa alegre y luminosa, con una familia que pasa rico junta y que lo manda a uno con lonchera cuando se dispone a caminarse san francisco, es de esas cosas buenas para el alma.
puedo hablar de la sensación de estar en casa que me produjo el departamento de antropología de uc berkeley, de la gente siendo distinta a conciencia y con ganas en una universidad como la mía pero estatal y seis veces más grande, de las ganas que tengo de pasar al doctorado y dedicar unos años a recorrer los edificios, los cafés, los bosquecitos, las plazoletas y las librerías de usados que pueblan esa ciudad donde el rector es más poderoso que el alcalde.
también puedo hablar de una familia de venados que pasta entre los árboles a pocos metros de una playa rocosa, de un barrio repleto de banderas de arcoiris donde las parejas de todos los estilos pueden andar tranquilas de la mano, de un viejo trolley amarillo con letros de uscita y vietato sputare, de una sopa de ostras en un cuenco de pan cuyo olor enloquece a las gaviotas. podría pasar diez días contando los diez días y al final estaríamos como al principio, así que mejor me limito a dejarles un saludo y a pedirles que le den una mirada al flickr. gracias una vez más por pasar por aquí…



