maternidades

algo pasa acá con el tema aquel de la maternidad. una de cada cuatro mujeres que me cruzo en la calle está embarazada. hay noticias de partos por todas partes (ahora que caigo en cuenta, debe ser el eco de las celebraciones decembrinas). venden pendejadas para bebé en cada esquina y evidentemente hay quién las compre…

nada de eso me afecta especialmente, salvo por el ocasional despertar de mi olvidada devoción por san herodes. pero hay dos implicaciones de la obsesión de este pueblo con los temas reproductivos a las que realmente me cuesta acostumbrarme.

la primera es que por natural, sano y decente que sea que las mujeres amamanten sus niños, me sigue resultando entre molesta e inquietante la costumbre que tienen acá de hacerlo a toda hora y en cualquier lado. y soy literal cuando digo en cualquier lado: reuniones de trabajo, restaurantes un sábado a medio día, eventos de celebración con asado y cerveza, salas de espera de cualquier estilo. yo entiendo que no es justo exigirle a las mujeres que se encierren porque tienen lactantes, pero aún así no disfruto el espectáculo. y diría maja: que levante la mano el que me entienda.

lo segundo es la extensión de esta plaga al campo del lenguaje. no me acostumbro, no, no me acostumbro. esto de que hombres y mujeres, niños y adultos, conocidos y extraños me llamen “mami” no es algo comprensible. que le diga a uno “mami” el vendedor al que está tratando de comprarle una nevera, la secretaria que le pasa una llamada, el vecino al que saluda en la mañana, eso choca. pero de qué me quejo, si la jefe me dice “mamazota”…

el eterno retorno

vuelvo a la oficina después de un viaje hermoso y agotador. tengo la piel quemada y llena de picaduras, cansancio de veintitrés horas de bote y ganas de una comida decente. al llegar a la oficina encuentro a la mujer que el sábado pasado dejé llorando en esa misma silla porque su marido está desaparecido. es menor que yo y tiene un niño en brazos que se duerme por ratos. intuyo que no ha parado de llorar en los cinco días que estuve por fuera, pero no tengo nada qué decirle. ahora me pesa el alma que traía livianita de los días pasados con medio centenar de mujeres como ella.

google y yo

hago el ejercicio-narcisista-vuelto-meme de buscarme en google, con nombre y apellido.

la primera sorpresa es que 8 de los primeros 10 resultados -7 si busco con google en inglés- hablan de la yo que sí soy, lo que suponemos es resultado de tener un apellido más bien inusual y haber publicado un par de cosas en los últimos años.

en los siguientes registros voy descubriendo a mis alter-egos:
-soy parte del equipo de dirección de un instituto educativo en chile. por lo que indica la foto, soy bajita, tengo un corte de pelo espantoso y uso un suéter rosa. mal comienza esto.
-distribuyo en santiago de chile “una revista española que contiene recetas de cocina y que aporta ideas de cocina modernas, prácticas, divertidas y saludables.” la cosa va mejorando, aunque la distribución editorial no parece ser un negocio emocionante.
-mucho más interesante resulta el tercer hallazgo: estoy matriculada en la cámara de comercio de barrancabermeja, mi segundo apellido es martínez, y probablemente soy prima de mí misma por los lados de un tío abuelo al que la yo que esto escribe no conoció y del que ha oído hablar por estos lados.
-quizá lo más bonito es que -otra vez chilena- soy parte de un proyecto para salvar palabras en vías de extinción, y apadrino la palabra falena, que se refiere a una mariposa crepuscular y que quien esto escribe no había oído nunca. también tengo un blog, que firmo con mi primer nombre, nombre que no comparto con la que aquí escribe.
-y finalmente, soy española, directora administrativa de una real sociedad que desde 1918 promueve el estudio de la obra de un señor marcelino menéndez, que vaya usted a saber por qué considero importante en la historia de la literatura…

esa soy. me parece curioso no encontrar deportistas, locutoras o delincuentes, como encuentran otros que han hecho el mismo experimento. ¿estaremos, mis homónimas y yo, condenadas a vivir un mundo de palabras?

inquietudes

estoy terminando un proyecto para una agencia de naciones unidas. es sobre un tema que nunca había trabajado, y eso ha hecho que me toque leer montones y enterarme de leyes, decretos, políticas públicas e informes de las comisiones de la oea.

entre las cosas que he aprendido haciendo este proyecto, es que de los 13.000 procesos por violencia intrafamiliar que ha tratado la fiscalía desde que se implementó el sistema penal acusatorio en bogotá y el eje cafetero, cuatro han concluído con sentencia acusatoria. sí, cuatro. 7.000 se “resolvieron” en una audiencia de conciliación y 2.000 precluyeron porque la víctima retiró los cargos. los otros casos ahí siguen o al acusado ya lo declararon inocente.

me genera preguntas la posición de una mujer en una audiencia obligatoria de conciliación en que su marido promete no volver a pegarle, firman un papel y se van para la casa. me inquieta que baste con retirar los cargos para que cese toda investigación, cuando todos sabemos que lo primero que hace un agresor es amenazar a la víctima para que quite la denuncia. me angustia saber que el delito de violencia intrafamiliar en colombia es siempre excarcelable, aunque sea la octava vez y se hayan violado las medidas de protección previas.

pero lo que más me angustia y me duele es saber que hay policías, funcionarios de comisarías de familia y gente en el instituto de bienestar familiar que le echa la culpa a las mujeres de que les hayan pegado. que por qué lo provocó, que usted qué le dijo para que él le pegara, que por qué llegó tan tarde ese día. o peor: que por qué no aprende.

que haya quien le niegue atención a una mujer golpeada porque no es la primera vez y ella no lo ha dejado me resulta simplemente increíble. “debe ser que le gusta desde que no se ha ido”, dicen el agente, el doctor y los vecinos. alguien que les explique que hay algo que llaman dependencia económica y afectiva, que hay algo que llaman custodia de los hijos, que hay algo que llaman miedo. alguien que les diga que romper el ciclo del maltrato es muy complicado cuando usted lleva aguantándolo desde que era chiquita y no conoce otra forma de ser tratada, cuando usted tiene la autoestima por el piso, cuando usted no conoce sus opciones ni cree tener la fuerza para afrontar los riesgos -que son muchos.

este proyecto es para pagarle a alguien para que se los diga, al menos a los funcionarios públicos. crucen los dedos para que me lo aprueben, porque yo ya no sé dónde meter el desconsuelo que este tema me produce.

preparativos

uno no manda los proyectos o los informes el día que están perfectos, sino cuando se cumple el plazo. siempre habrá más que hacerles, siempre serán ampliamente mejorables, cada persona que los vea tendrá siempre algo que sugerir. pero el día llega, y uno los manda. del mismo modo, yo no he empezado aún a empacar la maleta, no está claro adonde voy a llegar, no he resuelto ni la mitad de las cosas que tengo que dejar arregladas, no he visto a toda la gente de la que me quiero despedir.

y sin embargo, estoy lista para irme.

este fin de semana será el último en un buen tiempo en que tendré restaurantes para escoger, internet 24 horas y mi biblioteca entera. vienen meses de racionar los libros para que duren hasta el siguiente viaje, de comer lo que haya y disfrutarlo tan solo porque es nuevo, de intentar -de manera por lo general infructuosa- adaptarme a los climas tropicales, de extrañar a mis gatos y, por unas semanas, no entender la mitad de los chistes.

sustico, encarrete, dudas y expectativas… estos días tienen siempre una intensidad que me sorprende. pronto estaré dedicada de nuevo al meticuloso ejercicio de autoconocimiento que es irse a vivir a un lugar desconocido, y en diciembre volveré a pasar vacaciones familiares sin contarle a nadie que ya me volví otra, como le pasa a todos los que se van de casa.

probablemente no podré mantener este blog actualizado, pero tampoco quiero abandonarlo. pasaré por acá a divagar cuando me sea posible, y tendré otros medios para mantener al tanto a la gente que necesita que le firme a ratos el certificado de supervivencia. si es usted uno de esos, escríbame y le cuento.

saludos a todos y gracias por los buenos deseos de estos tiempos. nos leeremos pronto…

padawan

sweet & sour

tengo un nuevo empleo, en otra ciudad, con todo lo que pedía: trabajo de campo, con la gente, ahí mismito donde están pasando las cosas.

tengo familia, amigos y amores que se alegran por mí y otros que se quejan porque no nos veremos más este semestre. hay toda suerte de despedidas. hay almuerzos, cerveza, tardes de conversadas raras, preguntas y expectativas, hay caminadas por bogotá a las tres de la mañana y ventanas de messenger que titilan en las tardes. hay consejos útiles y otros un tantín desubicados, deseos de suerte y muchos muchos abrazos.

y claro, hay también reproches, angustias y dolores. este año desaparecieron a una mujer de la organización con la que voy a trabajar. la devolvieron después, pero no fue bonito. y ahora una de las personas que más quiero me acusa de estarme buscando una cosa semejante, de estar causándole dolor innecesariamente. me habla del miedo que siente cuando oye en las noticias el nombre de algún pueblo donde sabe que ando y se pregunta si no será mejor sacarme de su vida para no pensar más en esas cosas.

no me lo va a creer, pero igual se lo digo: no hago lo que hago para herir a nadie, ni porque crea que hay algo esencialmente valioso en arriesgar mi seguridad o en vivir lejos de la gente que amo. lo hago porque es lo que sé hacer y porque, a ratos, creo que vale la pena. lamento sinceramente las angustias que mi trabajo trae para los que me quieren, y sé que a veces consideran perdido el tiempo y el afecto que invierten en acompañarme. pero sigo porque hay aquí una apuesta de futuro, incierta pero atractiva, y la certeza de que de algún modo hay que retribuir los dones.

no hay en esto ningún martirologio: disfruto profundamente mi trabajo. lo elegí y lo sigo eligiendo porque cuando estoy en campo siento que tiene sentido lo que hago, porque estar lejos me agranda el mundo, porque amo las tardes de charla en las puertas de las casas de tierra caliente en que las mujeres y los adolescentes le enseñan a uno lo que no han podido las décadas de libros. lo elijo porque me rehace, me forja, me llena de descubrimientos, me hace entender cosas imprescindibles.

hay gente que considera que me falta compromiso y otros que creen que hace rato me salí del límite de los compromisos razonables. yo no tengo más medida que mi corazón y él dice que hay que hacer lo que se sabe y se puede, aún si nunca alcanza. en los últimos tiempos he aprendido que entre los precios de esa decisión está una forma peculiar de soledad que resulta de que alguna gente opte por tomar distancia para que no le salpique el dolor ni la incertidumbre. y también sé que ese miedo viene del afecto, y que tendremos que pasar por esto las veces que haga falta.

entretanto, i get by with a little help from my friends. gracias, mundo, por ellos.

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